Este viernes no fue un viernes típico, para nada. Normalmente los viernes se sienten más relajados: todo el mundo está contento porque se acaba la semana laboral, pensando en los planes del fin de semana (si los hay), o simplemente disfrutando la idea de que por un par de días podemos olvidarnos del trabajo. Especialmente cuando el lunes es festivo. ¡Fin de semana largo, genial!
Lamentablemente, mi viernes no empezó así.
Tuve un compañero de trabajo sumamente enfadado, súper molesto porque rechacé una orden de cambio que había enviado. Prácticamente me gritoneó, dijo que mi rechazo no estaba justificado e incluso culpó a mi compañero por recomendaciones hechas hace un año… sí, hace un año. Recomendaciones que ni siquiera estaban relacionadas. Traté de mantener la calma y explicarle mis razones. En resumen, todo el drama casi arruina mi café de la mañana.
Casi.
A estas alturas de mi vida, no dejo que pequeñeces—como que me griten en el trabajo—arruinen nada. Mi café es sagrado. Es mi ritual matutino, incluso si el mundo a mi alrededor se está cayendo a pedazos. Así que lo dejé pasar.
Pero la rareza no terminó ahí.
Tenía planes de salir temprano para poder manejar hasta Flagstaff y llegar antes de que oscureciera, para disfrutar el fin de semana largo. Entonces recibí una invitación a una reunión de una gerente de otro departamento, programada exactamente a la hora en que pensaba irme. Acepté de manera tentativa. Poco después, ella me escribió pidiéndome que asistiera porque era importante. Eso despertó mucho mi curiosidad, especialmente cuando un compañero mencionó que también asistiría liderazgo de alto nivel. Así que no me fui temprano y asistí a la reunión.
Grandes cambios.
En una reunión de unos diez minutos, se anunció que mi departamento se dividiría. Nuestro equipo de cinco personas se separó: tres de mis compañeros trabajarán para una gerente diferente, con las mismas responsabilidades—tratando con personas como la que casi arruinó mi café esa mañana. Otro compañero y yo nos quedaremos donde estamos, pero con responsabilidades reenfocadas.
No esperaba este tipo de noticia un viernes por la tarde. Ni remotamente.
En el fondo, siento que este cambio es algo bueno para la empresa. Tendremos una estructura más lógica y, en mi opinión, seremos más eficientes. Aun así, no deja de ser un cambio enorme.
Por un lado, siento que mis tres compañeros pueden percibir esto como algo negativo. No los culpo. Honestamente, nuestra gerente actual es buena onda y amable. Nuestro director es excelente y nuestro vicepresidente también es maravilloso. Su nueva gerente, estoy segura, tiene sus propias cualidades, pero siempre es difícil empezar de cero, construir una nueva relación y generar confianza. De corazón, espero que se adapten pronto y que puedan elevar el nivel en su nuevo departamento. Estoy cien por ciento segura de que tienen la capacidad de lograr eso y mucho más.
Por otro lado… yo me siento profundamente agradecida y emocionada.
Antes de avanzar, quiero reconocer y agradecer mis responsabilidades (hasta el viernes). Procesar órdenes de cambio de documentos no era el trabajo de mis sueños, pero aprendí muchísimo, ayudé a hacer mejoras importantes en algunos procesos y construí relaciones laborales muy valiosas. Y ahora, comienza un nuevo capítulo.
Y se siente emocionante.
Ahora podré enfocarme en lo que realmente me gusta: mejoras de procesos, proyectos y grandes cambios. Y si ya me conoces un poco, sabes que soy fan de los grandes cambios. Grandes giros de dirección. Nuevos comienzos. Nuevas perspectivas. Esto me hace muy feliz.
Siento que podré ser más creativa y sentirme más realizada, y eso también impactará positivamente mi vida personal. Cuando haces algo que te gusta en el trabajo, tu alma no termina agotada. Todavía tiene energía para otras cosas, para proyectos personales, para alcanzar otros sueños.
No me canso de decirlo: estoy profundamente agradecida.
Este fin de semana en Flagstaff me está haciendo reflexionar y agradecer todo lo que puedo hacer. Cosas tan simples y tan grandes como manejar de noche sin miedo para llegar a mi destino, porque tengo un auto confiable y hermoso que pude comprar gracias a mi trabajo. Hospedarme en un hotel que también puedo pagar gracias a mi trabajo. Poder viajar, reflexionar, respirar el aire de la montaña.
Estoy agradecida por cada persona, cada situación, cada lágrima, cada noche en la que estaba tan cansada que sentí que no podía más. Cada aplauso, cada enojo, cada decepción y cada momento en el que algo estuvo a punto de arruinar mi café, y que contribuyó a que hoy pueda vivir una vida llena de alegría, amor y viajes.
Me siento tan amada.
Si estás en una situación en la que no te sientes completamente feliz o realizado, confía en el Universo. Estás en el proceso de mejorar, de abrirte para recibir cosas mejores. Trabaja duro, da lo mejor de ti. La recompensa está más cerca de lo que crees.
Incluso cuando sientas que no es así, ¡el Universo te ama! Te lo digo por experiencia.
Espera y disfruta los grandes cambios. ✨
Val's Workshop Coffee Lounge, Flagstaff, AZ

No comments:
Post a Comment
Thanks for stopping by and joining the conversation!