Freedom: step by step

Friday was my 54th birthday. Everything was going well until Coco, my dog, started showing signs that he wasn’t feeling well. Saturday and Sunday were stressful; just imagining that the decision to let him rest will come sooner than I expected brought tears to my eyes every time I looked at him. I feel emotionally exhausted. 

It’s Monday. I bought a new coffee, and it tasted delicious this morning. I had to cancel a work trip because of my dog. My soul needs to recharge. On days like today, despite my exquisite coffee, I wish I could be free: live in nature, on a mountain by a river, and make a deal with the forest: let’s exchange love for food and solitude for water. No obligations, no to‑do lists, no heavy responsibilities. 

I’m a Sagittarius, a free soul: I do what I want, when I want; I come and go as I please. No one ties me down or tells me what to do… well, except my dog and my corporate job. 

I wish I didn’t need potable water, toilet paper, toothpaste, or air conditioning. The price of modern comfort feels extremely high today! And yet, I prefer to shower with hot water and brush my teeth every day—actually, more than once a day. And yes, I also prefer using toilet paper. And, among other things, I enjoy using my espresso machine, which is a luxury I truly savor every single day. I am so grateful and appreciative of the comforts of modern life. 

So, what do I do to stop feeling tied down and dependent on a job that consumes almost half of my existence? How do I find joy and motivation to work with passion every day? How do I find the freedom my soul longs for and truly needs? 

If you read my previous blog, you may remember that over the past six months I’ve been working somewhat excessively. By the fourth or fifth month, I started having migraines almost every week, which is truly exhausting because, in my case, the effects last two or three days after the episode. A week ago, I was ready to throw everything out the window: sell everything—yes, everything—and buy a trailer or live in my car; get a part‑time job or sign up to be an Uber driver just to survive and run off to live a completely wild adventure. 

I was fed up, totally drained, and deeply disappointed in myself, in the company, in everything. And although that wild adventure might have been epic, my soul stopped me for a moment and gave me the chance to breathe. And I breathed. 

Instead of making impulsive decisions, I decided to listen: “Wait. Stop running in circles. Breathe. Reflect…” she said. From that pause, a plan emerged—one focused on making subtler, more realistic, and sustainable changes so I can live a happier, more balanced life without sacrificing the comforts of modern living, including my precious espresso machine. We are in that first step now: Reflection and Purpose. 

Reflection 

Although I enjoy car camping and don’t mind being somewhat uncomfortable for a day or two, the comforts of modern life—potable water, air conditioning, plumbing—and other amenities I enjoy at home are honestly wonderful. Even living in a hundred‑thousand‑dollar campervan would not be the same as living in a house. For now, I am not willing to live uncomfortably on a permanent basis. 

However, I do want to feel and have more freedom to use my time as I choose: to be in nature more often, exercise, travel, camp, or take road trips. I also want to feel more appreciated at work and enjoy what I do more. 

Purpose 

To live a happier, more balanced life in which I can enjoy the pleasures and advantages of working from home, find more enjoyment in my work, spend more time in nature, and travel whenever I choose. 

Passo dopo passo (Step by Step) 

I will begin with small, achievable, and realistic steps: 

  1. I will block time on my calendar to go to the gym or work out at home—no excuses. I will find that hour and a half or so (maybe even less) during the day. 
    • This will clearly be time with no meetings or pending tasks. 
    • I will have an exercise plan to follow, so I don’t waste time deciding what to do each day or doing disorganized or scattered routines. 
  2. I will work from the park once a week for one or two hours, with or without my dog. 
  3. I will work from a coffee shop or restaurant by myself on Fridays for one or two hours. 

Other steps that support this plan and benefit my physical and mental health 

  • Prepare breakfast the night before and eat early so I’m ready to go out or work out during the day. 
  • Prepare meals for the week on Sundays, which will also help me avoid “decision fatigue”. 

Although these changes sound realistic, I will implement one per week so I don’t overwhelm or stress myself. That is definitely not the purpose. I start today, Monday. Once these changes feel more natural, I will continue making additional adjustments, guided by the same intention of living a happier, more balanced life. 

And you—what’s your purpose? What’s your plan for today or for this week? Do you have a specific goal you want to accomplish? Have you built your plan? 

Here’s to a happier, more balanced life—step by step. Cheers! 🥂





















Libertad: paso a paso

El viernes fue mi cumpleaños número 54. Todo iba bien hasta que Coco, mi perro, empezó a dar señales de que se sentía mal. El sábado y el domingo fueron estresantes; tan solo imaginar que la decisión de dejarlo descansar llegará antes de lo que esperaba me hizo llorar cada vez que lo miraba. Me siento emocionalmente exhausta. 

Es lunes. Compré un café nuevo y esta mañana me supo delicioso. Tuve que cancelar un viaje de trabajo por el asunto del perro. Mi alma necesita recargar baterías. En días como hoy, a pesar de mi exquisito café, quisiera ser libre: vivir en la naturaleza, en una montaña junto a un río, y hacer un trato con el bosque: intercambiemos amor por comida y solitud por agua. Sin obligaciones, ni pendientes, ni responsabilidades tan pesadas. 

Soy sagitario, alma libre: hago lo que quiero cuando quiero; voy y vengo cuando y como me place. Nadie me ata ni me manda… bueno, excepto mi perro y mi trabajo corporativo. 

Quisiera no necesitar agua potable, papel de baño, pasta dental ni aire acondicionado. ¡El precio de la comodidad moderna se siente altísimo hoy! Sin embargo, prefiero bañarme con agua caliente y lavarme los dientes todos los días —de hecho, más de una vez al día—. Y sí, también prefiero usar papel de baño. Y, entre otras cosas, usar mi máquina para hacer espresso, que es un lujo que saboreo literalmente todos los días. Agradezco, aprecio y disfruto mucho la comodidad de la vida moderna. 

Entonces, ¿qué hago para no sentirme amarrada y dependiente de un empleo que consume casi la mitad de mi existencia? ¿Cómo consigo el gozo y la motivación para trabajar con pasión todos los días? ¿Cómo encuentro la libertad que mi alma tanto añora y necesita? 

Si leíste mi blog anterior, tal vez recuerdes que los últimos seis meses estuve trabajando de manera algo excesiva. A partir del cuarto o quinto mes empecé a tener migrañas casi cada semana, lo cual es verdaderamente agotador porque, en mi caso, el efecto dura dos o tres días después del episodio. Hace una semana estaba dispuesta a tirar todo por la ventana: vender todo —sí, todo— y comprar un remolque o vivir en mi carro; conseguir un trabajo de medio tiempo o registrarme para ser conductora de Uber solo para sobrevivir y largarme a vivir una aventura totalmente loca. 

Estaba harta, extenuada y profundamente decepcionada de mí, de la empresa, de todo. Y aunque tal vez esa aventura loca hubiera sido épica, mi alma me detuvo un momento para darme la oportunidad de respirar. Y respiré. 

En lugar de tomar decisiones impulsivas, decidí escucharla: “Espera, deja de correr en círculos, respira, reflexiona…” me dijo. De esa pausa surgió un plan para hacer cambios más sutiles, realistas y sostenibles; cambios que me permitan vivir una vida más feliz y equilibrada sin sacrificar las comodidades de la vida moderna, incluida mi preciosa máquina para hacer espresso. Estamos en ese primer paso: Reflexión y Propósito. 

Reflexión 

Aunque me gusta acampar en mi carro y no me molesta estar un poco incómoda uno o dos días, las comodidades de la vida moderna —agua potable, aire acondicionado, plomería— y otras amenidades que disfruto en mi casa son, sinceramente, geniales. Incluso vivir en un vehículo “camperizado” de cien mil dólares no sería lo mismo que vivir en casa. Por ahora, no estoy dispuesta a vivir incómoda de manera permanente. 

Sin embargo, sí quiero sentir y tener más libertad para disponer de mi tiempo: estar en la naturaleza, hacer ejercicio, viajar, acampar o hacer viajes en carretera. También deseo sentirme más apreciada en el trabajo y disfrutar más lo que hago. 

Propósito 

Vivir una vida más feliz y equilibrada en la que pueda gozar los placeres y ventajas de trabajar desde casa, disfrutar más mi trabajo, estar en la naturaleza con mayor frecuencia y viajar cuando así lo desee. 

Passo dopo passo 

Empezaré con pasos pequeños, alcanzables y realistas: 

  1. Bloquearé tiempo en mi calendario para ir al gimnasio o hacer ejercicio en casa, sin excusas. Encontraré esa hora y media (tal vez menos) durante el día. 
    • Ese será, evidentemente, tiempo sin reuniones ni pendientes. 
    • Tendré un plan de ejercicio que me guíe para no perder tiempo decidiendo qué hacer cada día y para no hacer rutinas desordenadas o dispersas. 
  2. Iré a trabajar al parque una vez a la semana durante una o dos horas, con o sin el perro. 
  3. Iré a trabajar a un café o restaurante, yo sola, los viernes durante una o dos horas. 

Otros pasos que apoyan este plan y benefician mi salud física y mental 

  • Preparar el desayuno la noche anterior y comer temprano para estar lista para salir o para hacer ejercicio durante el día. 
  • Preparar comidas para la semana los domingos, lo cual también ayudará a no caer en la “fatiga decisoria”. 

Aunque estos cambios suenan realistas, voy a implementar uno por semana para no abrumarme ni estresarme. Ese definitivamente no es el propósito. Empiezo hoy, lunes. Una vez que estos cambios se sientan más naturales, continuaré haciendo ajustes adicionales, guiada por la misma intención de vivir una vida más feliz y equilibrada. 

Y tú, ¿cuál es tu propósito? ¿qué plan tienes para hoy o para esta semana? ¿Hay alguna meta específica que quieras alcanzar? ¿Ya armaste tu plan? 

Brindo por una vida más feliz y equilibrada, paso a paso. ¡Salud!  🥂












English version

Reflections 2025: A Soul Whisper

How curious—I have a list with dates and details of the goals and projects I successfully completed this year 2025… but all of them are work-related. I don’t have a single list showing personal goals or projects. I did some things, but they’re not as present in my mind as work achievements. That’s not a good sign. 

I feel proud of having made significant changes at the company: shifting paradigms, having the courage to go somewhat against my manager and colleagues, and convincing them that change—even when scary—is good. With my determination and persuasive skills—always backed by solid arguments—we accomplished changes that just a year before would have been practically impossible. While this will look great on my resume, it felt like the reward was more work. During the second half of the year, I was performing two roles with the salary of one, supporting another department while doing my slightly reduced daily job and my innovative projects. A week ago, I gathered the courage to speak with my manager. This “efficiency” that usually defines me was taking a toll on my health. 

And then I started reflecting. Was all that effort and dedication worth it? In the end, the only reward was more work, more stress, worse health, and more mental and physical exhaustion. And what about my personal achievements? In fact, I didn’t have clear, specific personal goals… what a disappointment. 

Two or three months ago, when my body started paying the price for overwork with frequent migraines, aches, and pains, I decided to put my health first… well, more or less. I’m still doing both jobs (until the end of the year), but I started making time to exercise, even if it’s just during lunch. I also ventured into yoga at one studio and Barré at another. I’ve been consistent with strength training and yoga, which I fell in love with. I also returned to meditating, even if just for a few minutes each day. But today, I feel it’s not enough. I still feel trapped in a cage where I have everything, yet must dedicate most of my life to work just to keep living in this prison where I “lack nothing”… except my mental and spiritual peace. 

They say numbers are cold, but objective. Let’s do the math: my main activities are work, sleep, exercise, and meditation. According to my calculations, almost 40% of my existence is dedicated to work. And while the financial reward is respectable, the fact that my “free time” is only 7% of my life is honestly ridiculous. The rest is spent sleeping. 

These percentages don’t include the time it takes to get ready in the mornings, the constant switching between activities, the leftover mental residue that lingers, the study time for my certification, or physical therapy for my injured shoulder. Not to mention cleaning the house—even coordinating with Brenda, who helps me—doing laundry, grocery shopping, preparing meals, or taking care of the dog… It’s overwhelming. My “free time” becomes almost virtual or imaginary. No wonder washing dishes sometimes feels like a huge burden, and weekends feel short and unproductive. It’s sad to think that every Monday, coffee is the only reason to get up. 

It’s time to make changes. If you read my blog a few months ago, you’ll remember this question: What would I do if I weren’t afraid? 

Let’s imagine I’m not afraid. Fear doesn’t exist—it’s just a thought, a learned or copied belief that, just as it arrived, can leave. 

Thank you, fear, for protecting me, alerting me, and keeping me safe. Today I don’t need you. You can leave. Thank you. 

Throughout my adult life, I’ve made crazy, impulsive decisions: going to university at 40, radically changing my life by moving to the U.S. at 45, or buying a house in Tucson at 53. I think it’s time for another one of those decisions, this time for the health of my body and my soul. This isn’t a mental crisis, a nervous breakdown, a menopausal thought, or a childhood trauma; it’s a gentle tap on the shoulder from my soul saying, “Hey, we need to talk.” And today, I’m listening. 

Before taking action—because I’m that impulsive—I want to visualize how I want my life to be. I know I don’t want to keep dedicating 40% of my existence to work, of that I’m certain. And if it must be that way, it should be work I enjoy so much that I could do it for free. 

So I want more than 7% for exercise, meditation, and study. I don’t yet know exactly how to get there, but I will. Now, let’s go for this new life. 

Purpose and Reflection. I’ll take a few days off this December during the holidays to step back, reflect, and envision what my ideal life looks like. This time will help me clarify my goals, understand what truly matters, and reconnect with why I want to make changes and with what purpose. 

Self-Assessment. I’ll look at my current situation with honesty: how I spend my time, how much money I spend and why, what gives me energy, and what drains me. I want to understand my priorities and what supports my well-being. 

Exploration. I’ll explore possibilities and consider new ways of living and organizing my life. I’ll reflect on what adjustments could make my days more aligned with my values and aspirations. 

Planning. With clarity from reflection and exploration, I’ll decide how to move forward in a way that feels realistic, manageable, and meaningful. I’ll trust myself to take the steps that feel right, at my own pace. 

Review. Every three months, I’ll check in with myself to see how things are going, how I feel, and whether my life is moving closer to what I want. I’ll use these reflections to adjust and refine my approach as needed. 

This Friday is my birthday, and I’m taking the day off. I plan to go to yoga in the morning, then get a DEXA scan—which fits perfectly into this project and will be part of the self-assessment—and in the afternoon go to the hairdresser to refresh my hair and feel better. 

During these few days off, I’ll focus on this project. I’m going to change my life for the better—for the well-being of my physical, mental, and spiritual self. 

My soul found the perfect moment for me to go through this process: the start of a new trip around the sun, the end of one year, and the beginning of another. But more than recognizing the perfect timing, this time I listened. 

And you—what has your soul been telling you lately? Don’t ignore it. Pay attention; it probably has incredible plans for you. 

Happy holidays and Happy New Year! 


Versión en español 

Reflexiones 2025: Un susurro del alma

Qué curioso, tengo una lista con fechas y detalles de las metas y proyectos que logré exitosamente este año 2025… pero todos son de trabajo. No tengo ninguna lista que muestre metas o proyectos de mi vida personal. Hice algunas cosas, pero no las tengo tan presentes como las del trabajo. Eso no es buena señal. 

Me siento orgullosa de haber podido hacer cambios significativos en la empresa: cambiar paradigmas, tener el valor de ir un tanto contra corriente con mi gerente y compañeros, y convencerlos de que los cambios, aunque den miedo, son buenos. Con mi empeño y mi poder de convencimiento —siempre con buenos argumentos— logramos cambios que apenas un año antes hubieran sido prácticamente imposibles. Aunque esto se verá bien en mi currículum, el “premio” fue más trabajo, al menos así lo sentí. Durante la segunda mitad del año, estuve desempeñando dos puestos con el salario de uno, apoyando a otro departamento mientras realizaba mi trabajo cotidiano un poco reducido y mis proyectos innovadores. Hace una semana me armé de valor y hablé con mi gerente. Esta “eficiencia” que me caracteriza me estaba cobrando factura con mi salud. 

Y luego me puse a reflexionar. ¿Valió la pena tanto esfuerzo y dedicación? Al final, solo recibí más trabajo, más estrés, menos salud y más cansancio mental y físico. ¿Y qué hay de mis logros personales? De hecho, no tenía metas personales claras y específicas… qué decepción. 

Hace dos o tres meses, cuando mi cuerpo empezó a cobrarme factura por el exceso de trabajo con migrañas frecuentes y otros achaques, decidí poner mi salud en primer lugar… bueno, más o menos. Sigo con ambos puestos (hasta fin de año), pero empecé a tomar tiempo para hacer ejercicio, aunque sea durante la hora de comida. También me aventuré a probar Yoga en un estudio y Barré en otro. He sido constante con el ejercicio de fuerza y con el yoga, del que me enamoré. Además, regresé a meditar, aunque sean solo unos minutos al día. Pero hoy siento que no ha sido suficiente. Me sigo sintiendo atrapada en una jaula donde tengo todo, pero debo dedicar la mayor parte de mi vida a trabajar para seguir viviendo en esta prisión donde “no me falta nada”… excepto mi paz mental y espiritual. 

Dicen que los números son fríos, pero objetivos. Vamos a hacer cuentas: mis actividades principales son trabajo, sueño, ejercicio y meditación. Y según mis cálculos, casi el 40% de mi existencia está dedicada al trabajo. Y aunque la remuneración económica es respetable, el hecho de que mi “tiempo libre” sea solo el 7% de mi vida es honestamente ridículo. El resto se va en horas de sueño. 

Estos porcentajes no incluyen el tiempo para alistarme por las mañanas, el cambio constante de actividad, el residuo mental que tarda en desecharse, el tiempo de estudio para mi certificación ni la terapia física por mi hombro lesionado. Tampoco el tiempo para limpiar la casa —aunque me coordine con Brenda, quien me ayuda—, lavar la ropa, comprar mandado, preparar comidas o atender al perro… Es abrumador. Mi tiempo “libre” se vuelve virtual o casi imaginario. No es casualidad que lavar los platos se sienta como una carga pesadísima y que los fines de semana parezcan cortos y poco productivos. Es triste pensar que cada lunes el café sea el único motivo para levantarme. 

Es hora de hacer cambios. Si leíste mi blog hace unos meses, recordarás esta pregunta: ¿qué haría si no tuviera miedo? 

Imaginemos que no lo tengo. El miedo no existe: es solo un pensamiento, una creencia aprendida o copiada que, así como llegó, también puede irse. 

Gracias, miedo, por cuidarme, alertarme y prevenirme. Hoy no te necesito. Puedes irte tranquilo. Gracias mil. 

Durante mi vida adulta, he tomado decisiones locas e impulsivas: entrar a la universidad a los 40, cambiar mi vida radicalmente al mudarme a Estados Unidos a los 45, o comprar una casa en Tucson a los 53. Creo que es tiempo de otra de esas decisiones, esta vez por la salud de mi cuerpo y de mi alma. Esto no es una crisis mental o emocional, ni un pensamiento menopáusico, ni un trauma de la niñez; es más bien un toquecito en el hombro de mi alma diciendo: “oye, tenemos que hablar”. Y hoy la voy a escuchar. 

Antes de tomar acción —porque para eso me pinto sola— quiero visualizar cómo quiero que sea mi vida. Sé que no quiero seguir dedicando el 40% de mi existencia al trabajo, de eso estoy segura. Y si así tiene que ser, deberá ser un trabajo que disfrute tanto que podría hacerlo sin paga. 

Entonces, quiero más del 7% para ejercicio, meditación y estudio. No sé bien cómo llegar ahí, pero voy a llegar. Ahora sí, vamos por esa nueva vida. 

Propósito y reflexión. Tomaré unos días libres este mes de diciembre durante los festivos para dar un paso atrás, reflexionar y visualizar cómo se ve mi vida ideal. Este tiempo me ayudará a aclarar mis metas, entender lo que realmente importa y reconectar con el porqué y para qué quiero hacer cambios. 

Autoevaluación. Examinaré mi situación actual con honestidad: cuánto gasto y por qué, cómo paso mi tiempo, qué me da energía y qué me agota. Quiero comprender mis prioridades y lo que realmente apoya a mi bienestar. 

Exploración. Exploraré posibilidades y consideraré nuevas formas de vivir y organizar mi vida. Reflexionaré sobre qué ajustes podrían hacer que mis días estén más alineados con mis valores y aspiraciones. 

Planificación. Con claridad a partir de la reflexión y la exploración, decidiré cómo avanzar de manera manejable, realista y significativa. Confiaré en mí misma para dar los pasos que sienta correctos, a mi propio ritmo. 

Revisión. Cada tres meses, revisaré cómo van las cosas, cómo me siento y si mi vida se está acercando a lo que deseo. Utilizaré estas reflexiones para ajustar y perfeccionar mi enfoque según sea necesario. 

Este viernes es mi cumpleaños, y lo voy a tomar como vacaciones. Iré a yoga por la mañana, luego a hacerme un DEXA —perfecto para este proyecto, será parte del paso de autoevaluación— y por la tarde a la peluquería para renovar mi cabello y sentirme mejor. 

Estos días de descanso los usaré para trabajar en este proyecto. Voy a cambiar mi vida para bien, por el bienestar de mi cuerpo físico, mental y espiritual. 

Mi alma encontró el momento ideal para vivir este proceso: el inicio de una nueva vuelta al sol, el fin de un año y el inicio de otro. Pero más que reconocer el momento ideal, esta vez la escuché. 

Y a ti, ¿qué te ha dicho tu alma últimamente? No la ignores. Ponle atención: seguro tiene planes increíbles para ti. 

¡Felices fiestas y feliz año nuevo! 



English version

Por qué empecé un blog a los 53

Siempre me ha gustado escribir. Ha sido mi forma de desahogo durante muchos años, especialmente cuando me siento abrumada o estresada. Pero como normalmente me siento mejor después de escribir, nunca lo hice de manera constante. Hasta ahora. 

Esta vez no quise “esperar a estar lista”. No quería escribir solo cuando necesitara desahogarme, ni esperar una fecha especial como cumplir 55 o alcanzar alguna meta. Solo quería empezar… así que empecé. 

No me siento diferente por tener 53 años. Aparte del dolor muscular ocasional que aparece sin razón aparente, me siento igual que cuando tenía 25 o 30. Excepto que ahora disfruto la libertad más que nunca. La libertad se siente como un derecho, como parte de mi alma, como algo sin lo cual no puedo vivir. 

Soy libre del miedo a lo que otros puedan pensar. Libre de la necesidad de ser aceptada o querida. Libre del miedo a cometer errores. Libre de los arrepentimientos. Esa libertad se siente como un gran alivio. Honestamente, ya no me importa lo que la gente piense de mí o de mis decisiones. Supongo que antes tampoco me importaba tanto, pero me resistía a la idea de que no me importara. ¿Por qué? No lo sé con certeza. Tal vez por cómo me criaron, la cultura en la que crecí, o simplemente era mi mente jugándome trucos. 

Siempre me consideré un espíritu libre, aunque no siempre lo fui. Cuando tenía 19 años y pensé que había encontrado al “amor de mi vida”, me lancé de lleno. Creí que ese era el siguiente paso en la vida, como si la vida fuera una lista de cosas por hacer o una tarjeta de lotería que debía completar para alcanzar la felicidad. En ese momento no entendía que la felicidad no viene de una relación, un trabajo, una casa o un esposo. Con el tiempo aprendí que la felicidad siempre había estado dentro de mí. Así que dejé de buscarla afuera. 

Empecé a enfocarme en mí; solo en mí (bueno, y desde hace unos años en mi perrito también). Me di cuenta de que la vida es demasiado corta para pasarla triste por cosas que no puedo controlar, enojada por lo que no me gusta, o esperando que pase algo mágico. La vida no se trata de esperar que alguien te ame o venga a arreglar tu vida. Se trata de crear algo hermoso con lo que ya tienes. 

Me tomó, en mi opinión, demasiado tiempo darme cuenta de que podía hacer cosas sin necesitar la aprobación de los demás—ni de mi (ahora ex) esposo, ni de mi familia, ni siquiera de mis amistades. Esa es una de las razones por las que empecé este blog a los 53. Quiero compartir mis experiencias y aventuras, graciosas, alegres, tristes, o una mezcla de todo. También quiero animarte a que dejes de esperar a cumplir 40 o 50 para vivir la vida a tu manera. No dejes que el miedo te detenga. Haz eso que siempre has querido hacer. 

Y recuerda: no tienes que llevar una vida convencional si no quieres. Cuando era más joven, estaba casada y segura de que no quería tener hijos, muchas personas me llamaron egoísta o ingenua. Me decían que eramuy joven” para saber lo que quería y que me iba a arrepentir. Pero nunca me arrepentí. Ni por un segundo. Me alegra mucho ver que las nuevas generaciones viven según sus propios términos, sin disculparse por ello. Me da esperanza. 

Así que, si tú eres parte de esa nueva y valiente generación, ¡salud! Lo estás haciendo increíble, y vas a disfrutar la vida un poco más que quienes esperaron demasiado. Y si estás más cerca de mi edad, no te preocupes. La vida puede ser no tan larga, pero sigue siendo hermosa. 

Esto es lo que he aprendido hasta ahora: 

  1. Conócete a ti misma para saber exactamente lo que quieres y lo que no quieres. 
  2. Haz lo que quieras, grande o pequeño, paso a paso o de golpe. No tengas miedo de equivocarte (siempre que no dañes a nadie). 
  3. Sé feliz y siéntete orgullosa. Escribe tus intentos, lo que aprendiste y tus logros. Aprende de tus errores y sigue adelante. 
  4. Sé agradecida, por todo lo que has vivido, por todo lo que tienes hoy, y por la oportunidad de planear tu futuro. Ya sea largo o corto, será hermoso. 

Así que aquí estoy, escribiendo, compartiendo y creando a los 53, simplemente porque me llena de alegría. Si hay algo en tu corazón, no esperes el “momento perfecto.” Empieza ahora. La vida es demasiado corta para no vivirla a plenitud. Nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo.

Si te gustó esta lectura, ¡déjame un comentario! ¡Gracias! 

English Version