Qué curioso, tengo una lista con fechas y detalles de las metas y proyectos que logré exitosamente este año 2025… pero todos son de trabajo. No tengo ninguna lista que muestre metas o proyectos de mi vida personal. Hice algunas cosas, pero no las tengo tan presentes como las del trabajo. Eso no es buena señal.
Me siento orgullosa de haber podido hacer cambios significativos en la empresa: cambiar paradigmas, tener el valor de ir un tanto contra corriente con mi gerente y compañeros, y convencerlos de que los cambios, aunque den miedo, son buenos. Con mi empeño y mi poder de convencimiento —siempre con buenos argumentos— logramos cambios que apenas un año antes hubieran sido prácticamente imposibles. Aunque esto se verá bien en mi currículum, el “premio” fue más trabajo, al menos así lo sentí. Durante la segunda mitad del año, estuve desempeñando dos puestos con el salario de uno, apoyando a otro departamento mientras realizaba mi trabajo cotidiano un poco reducido y mis proyectos innovadores. Hace una semana me armé de valor y hablé con mi gerente. Esta “eficiencia” que me caracteriza me estaba cobrando factura con mi salud.
Y luego me puse a reflexionar. ¿Valió la pena tanto esfuerzo y dedicación? Al final, solo recibí más trabajo, más estrés, menos salud y más cansancio mental y físico. ¿Y qué hay de mis logros personales? De hecho, no tenía metas personales claras y específicas… qué decepción.
Hace dos o tres meses, cuando mi cuerpo empezó a cobrarme factura por el exceso de trabajo con migrañas frecuentes y otros achaques, decidí poner mi salud en primer lugar… bueno, más o menos. Sigo con ambos puestos (hasta fin de año), pero empecé a tomar tiempo para hacer ejercicio, aunque sea durante la hora de comida. También me aventuré a probar Yoga en un estudio y Barré en otro. He sido constante con el ejercicio de fuerza y con el yoga, del que me enamoré. Además, regresé a meditar, aunque sean solo unos minutos al día. Pero hoy siento que no ha sido suficiente. Me sigo sintiendo atrapada en una jaula donde tengo todo, pero debo dedicar la mayor parte de mi vida a trabajar para seguir viviendo en esta prisión donde “no me falta nada”… excepto mi paz mental y espiritual.
Dicen que los números son fríos, pero objetivos. Vamos a hacer cuentas: mis actividades principales son trabajo, sueño, ejercicio y meditación. Y según mis cálculos, casi el 40% de mi existencia está dedicada al trabajo. Y aunque la remuneración económica es respetable, el hecho de que mi “tiempo libre” sea solo el 7% de mi vida es honestamente ridículo. El resto se va en horas de sueño.
Estos porcentajes no incluyen el tiempo para alistarme por las mañanas, el cambio constante de actividad, el residuo mental que tarda en desecharse, el tiempo de estudio para mi certificación ni la terapia física por mi hombro lesionado. Tampoco el tiempo para limpiar la casa —aunque me coordine con Brenda, quien me ayuda—, lavar la ropa, comprar mandado, preparar comidas o atender al perro… Es abrumador. Mi tiempo “libre” se vuelve virtual o casi imaginario. No es casualidad que lavar los platos se sienta como una carga pesadísima y que los fines de semana parezcan cortos y poco productivos. Es triste pensar que cada lunes el café sea el único motivo para levantarme.
Es hora de hacer cambios. Si leíste mi blog hace unos meses, recordarás esta pregunta: ¿qué haría si no tuviera miedo?
Imaginemos que no lo tengo. El miedo no existe: es solo un pensamiento, una creencia aprendida o copiada que, así como llegó, también puede irse.
Gracias, miedo, por cuidarme, alertarme y prevenirme. Hoy no te necesito. Puedes irte tranquilo. Gracias mil.
Durante mi vida adulta, he tomado decisiones locas e impulsivas: entrar a la universidad a los 40, cambiar mi vida radicalmente al mudarme a Estados Unidos a los 45, o comprar una casa en Tucson a los 53. Creo que es tiempo de otra de esas decisiones, esta vez por la salud de mi cuerpo y de mi alma. Esto no es una crisis mental o emocional, ni un pensamiento menopáusico, ni un trauma de la niñez; es más bien un toquecito en el hombro de mi alma diciendo: “oye, tenemos que hablar”. Y hoy la voy a escuchar.
Antes de tomar acción —porque para eso me pinto sola— quiero visualizar cómo quiero que sea mi vida. Sé que no quiero seguir dedicando el 40% de mi existencia al trabajo, de eso estoy segura. Y si así tiene que ser, deberá ser un trabajo que disfrute tanto que podría hacerlo sin paga.
Entonces, quiero más del 7% para ejercicio, meditación y estudio. No sé bien cómo llegar ahí, pero voy a llegar. Ahora sí, vamos por esa nueva vida.
Propósito y reflexión. Tomaré unos días libres este mes de diciembre durante los festivos para dar un paso atrás, reflexionar y visualizar cómo se ve mi vida ideal. Este tiempo me ayudará a aclarar mis metas, entender lo que realmente importa y reconectar con el porqué y para qué quiero hacer cambios.
Autoevaluación. Examinaré mi situación actual con honestidad: cuánto gasto y por qué, cómo paso mi tiempo, qué me da energía y qué me agota. Quiero comprender mis prioridades y lo que realmente apoya a mi bienestar.
Exploración. Exploraré posibilidades y consideraré nuevas formas de vivir y organizar mi vida. Reflexionaré sobre qué ajustes podrían hacer que mis días estén más alineados con mis valores y aspiraciones.
Planificación. Con claridad a partir de la reflexión y la exploración, decidiré cómo avanzar de manera manejable, realista y significativa. Confiaré en mí misma para dar los pasos que sienta correctos, a mi propio ritmo.
Revisión. Cada tres meses, revisaré cómo van las cosas, cómo me siento y si mi vida se está acercando a lo que deseo. Utilizaré estas reflexiones para ajustar y perfeccionar mi enfoque según sea necesario.
Este viernes es mi cumpleaños, y lo voy a tomar como vacaciones. Iré a yoga por la mañana, luego a hacerme un DEXA —perfecto para este proyecto, será parte del paso de autoevaluación— y por la tarde a la peluquería para renovar mi cabello y sentirme mejor.
Estos días de descanso los usaré para trabajar en este proyecto. Voy a cambiar mi vida para bien, por el bienestar de mi cuerpo físico, mental y espiritual.
Mi alma encontró el momento ideal para vivir este proceso: el inicio de una nueva vuelta al sol, el fin de un año y el inicio de otro. Pero más que reconocer el momento ideal, esta vez la escuché.
Y a ti, ¿qué te ha dicho tu alma últimamente? No la ignores. Ponle atención: seguro tiene planes increíbles para ti.
¡Felices fiestas y feliz año nuevo!

No comments:
Post a Comment
Thanks for stopping by and joining the conversation!