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Viaje en Carretera

 

De Arizona a California. Puede que recuerdes, si me has estado leyendo, que me encantan los viajes en carretera. Un grupo de amigos ciclistas viene este año a la carrera ciclista de Wildflower en la zona de San Luis Obispo, en California. El año pasado hice esa carrera con un amigo en un tándem. Viajamos desde San Diego hasta Creston en su RV. Fue un viaje increíble.

Sin embargo, este año decidí atreverme, ser valiente y hacer el viaje en carretera desde Tucson hasta Paso Robles completamente sola. Sí, más de 1,000 km (solo ida), yo sola.

Me tomó un par de fines de semana reunir el valor: planear rutas, reservar hoteles, calcular tiempos y horas de manejo, y cómo hacerlo sin tener que tomarme toda la semana libre en el trabajo.

Primera parada: Twentynine Palms, California

Fue un viaje increíble. No esperaba que fuera tan hermoso, tan imponente y que me identificara tanto con él. Los paisajes del desierto me hicieron pensar en resiliencia, fuerza, adaptabilidad—otro tipo de belleza. Una que no le importa lo que los demás digan. Algo que todavía me recuerdo a mí misma todos los días.

Lo que ves es lo que hay. Así de simple. Soy fuerte, soy resiliente, y he aprendido a apreciar mis cualidades, mis fortalezas y también mis oportunidades. Tal vez por eso me identifico tanto con el desierto. No tiene la exuberancia del bosque ni el azul del océano, pero tiene la magnificencia de su inmensidad, la fuerza para enfrentar los elementos y la quietud de su belleza.

No suelo poner música cuando corro o conduzco, pero este era un viaje largo, así que elegí una playlist que siempre escucho—o eso pensé. Resultó ser una lista de artistas similares a los de mi selección original. La dejé porque no quería detenerme a buscar otra.

Esa playlist aleatoria sonó por mucho tiempo. Y en algún momento empecé a pensar en un amor del pasado. Por alguna razón extraña empecé a hablar en voz alta, hablándole a él, contándole cómo han cambiado las cosas, cómo he cambiado yo, y que me encantaría volver a conocernos porque estoy segura de que él también ha cambiado. Fue toda una conversación.

Y entonces apareció una canción. Una canción que decía casi exactamente lo que yo estaba diciendo, pero de una forma más poética, por supuesto. Se me encogió el corazón. No podía creerlo. Empecé a llorar—lágrimas muy felices. Estaba preguntando, y recibí una respuesta. Lo sentí en el corazón.

Me impactó tanto que cuando llegué a mi hotel en Twentynine Palms, después de instalarme, empecé a escribir. Escribí lo que pasó y cómo recibí mi respuesta en forma de canción. Fue algo inesperado, pero a la vez reconfortante. Le envié mis palabras y pensamientos a mi hermano como idea para una canción. Es un compositor muy talentoso, así que pensé que le gustaría la inspiración.

Al día siguiente

Fui al Parque Nacional Joshua Tree. Fue hermoso. Hice una caminata fácil y tomé más fotos y videos de los que me gustaría admitir. Quería compartirlo todo—cada arbusto, cada árbol, cada roca. Fue una experiencia preciosa.

Después de un día en la naturaleza, admirando la inmensidad del desierto, las enormes rocas y el paisaje impresionante, volví a mi hotel. Más tarde esa noche, casi exactamente 24 horas después, mi hermano me envió una canción que escribió. Es la canción más hermosa. Se llama Open Roads y captura exactamente mi experiencia de ese día. No he dejado de escucharla.

Segunda parada: Paso Robles, California

Mi viaje en carretera continúa. Conduje hasta Paso Robles, cerca del evento de ciclismo donde veré a todos mis amigos este fin de semana. Estoy muy orgullosa de mí misma por haber hecho este viaje. Hasta ahora ha sido increíble: carreteras con paisajes hermosos, la sensación de ser dueña de mis pasos, de ser capaz de hacer lo que quiero hacer, e incluso una canción preciosa.

Estoy muy agradecida.

En unos días volveré a casa… o tal vez siga conduciendo hacia el norte. No lo sé todavía. Iré hacia donde suene mi nombre.

Así que hazlo. Haz esa llamada. Envía ese mensaje. Da ese abrazo. Sé valiente. Dilo en voz alta.

Alguien podría estar escuchando.

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Libertad: paso a paso

El viernes fue mi cumpleaños número 54. Todo iba bien hasta que Coco, mi perro, empezó a dar señales de que se sentía mal. El sábado y el domingo fueron estresantes; tan solo imaginar que la decisión de dejarlo descansar llegará antes de lo que esperaba me hizo llorar cada vez que lo miraba. Me siento emocionalmente exhausta. 

Es lunes. Compré un café nuevo y esta mañana me supo delicioso. Tuve que cancelar un viaje de trabajo por el asunto del perro. Mi alma necesita recargar baterías. En días como hoy, a pesar de mi exquisito café, quisiera ser libre: vivir en la naturaleza, en una montaña junto a un río, y hacer un trato con el bosque: intercambiemos amor por comida y solitud por agua. Sin obligaciones, ni pendientes, ni responsabilidades tan pesadas. 

Soy sagitario, alma libre: hago lo que quiero cuando quiero; voy y vengo cuando y como me place. Nadie me ata ni me manda… bueno, excepto mi perro y mi trabajo corporativo. 

Quisiera no necesitar agua potable, papel de baño, pasta dental ni aire acondicionado. ¡El precio de la comodidad moderna se siente altísimo hoy! Sin embargo, prefiero bañarme con agua caliente y lavarme los dientes todos los días —de hecho, más de una vez al día—. Y sí, también prefiero usar papel de baño. Y, entre otras cosas, usar mi máquina para hacer espresso, que es un lujo que saboreo literalmente todos los días. Agradezco, aprecio y disfruto mucho la comodidad de la vida moderna. 

Entonces, ¿qué hago para no sentirme amarrada y dependiente de un empleo que consume casi la mitad de mi existencia? ¿Cómo consigo el gozo y la motivación para trabajar con pasión todos los días? ¿Cómo encuentro la libertad que mi alma tanto añora y necesita? 

Si leíste mi blog anterior, tal vez recuerdes que los últimos seis meses estuve trabajando de manera algo excesiva. A partir del cuarto o quinto mes empecé a tener migrañas casi cada semana, lo cual es verdaderamente agotador porque, en mi caso, el efecto dura dos o tres días después del episodio. Hace una semana estaba dispuesta a tirar todo por la ventana: vender todo —sí, todo— y comprar un remolque o vivir en mi carro; conseguir un trabajo de medio tiempo o registrarme para ser conductora de Uber solo para sobrevivir y largarme a vivir una aventura totalmente loca. 

Estaba harta, extenuada y profundamente decepcionada de mí, de la empresa, de todo. Y aunque tal vez esa aventura loca hubiera sido épica, mi alma me detuvo un momento para darme la oportunidad de respirar. Y respiré. 

En lugar de tomar decisiones impulsivas, decidí escucharla: “Espera, deja de correr en círculos, respira, reflexiona…” me dijo. De esa pausa surgió un plan para hacer cambios más sutiles, realistas y sostenibles; cambios que me permitan vivir una vida más feliz y equilibrada sin sacrificar las comodidades de la vida moderna, incluida mi preciosa máquina para hacer espresso. Estamos en ese primer paso: Reflexión y Propósito. 

Reflexión 

Aunque me gusta acampar en mi carro y no me molesta estar un poco incómoda uno o dos días, las comodidades de la vida moderna —agua potable, aire acondicionado, plomería— y otras amenidades que disfruto en mi casa son, sinceramente, geniales. Incluso vivir en un vehículo “camperizado” de cien mil dólares no sería lo mismo que vivir en casa. Por ahora, no estoy dispuesta a vivir incómoda de manera permanente. 

Sin embargo, sí quiero sentir y tener más libertad para disponer de mi tiempo: estar en la naturaleza, hacer ejercicio, viajar, acampar o hacer viajes en carretera. También deseo sentirme más apreciada en el trabajo y disfrutar más lo que hago. 

Propósito 

Vivir una vida más feliz y equilibrada en la que pueda gozar los placeres y ventajas de trabajar desde casa, disfrutar más mi trabajo, estar en la naturaleza con mayor frecuencia y viajar cuando así lo desee. 

Passo dopo passo 

Empezaré con pasos pequeños, alcanzables y realistas: 

  1. Bloquearé tiempo en mi calendario para ir al gimnasio o hacer ejercicio en casa, sin excusas. Encontraré esa hora y media (tal vez menos) durante el día. 
    • Ese será, evidentemente, tiempo sin reuniones ni pendientes. 
    • Tendré un plan de ejercicio que me guíe para no perder tiempo decidiendo qué hacer cada día y para no hacer rutinas desordenadas o dispersas. 
  2. Iré a trabajar al parque una vez a la semana durante una o dos horas, con o sin el perro. 
  3. Iré a trabajar a un café o restaurante, yo sola, los viernes durante una o dos horas. 

Otros pasos que apoyan este plan y benefician mi salud física y mental 

  • Preparar el desayuno la noche anterior y comer temprano para estar lista para salir o para hacer ejercicio durante el día. 
  • Preparar comidas para la semana los domingos, lo cual también ayudará a no caer en la “fatiga decisoria”. 

Aunque estos cambios suenan realistas, voy a implementar uno por semana para no abrumarme ni estresarme. Ese definitivamente no es el propósito. Empiezo hoy, lunes. Una vez que estos cambios se sientan más naturales, continuaré haciendo ajustes adicionales, guiada por la misma intención de vivir una vida más feliz y equilibrada. 

Y tú, ¿cuál es tu propósito? ¿qué plan tienes para hoy o para esta semana? ¿Hay alguna meta específica que quieras alcanzar? ¿Ya armaste tu plan? 

Brindo por una vida más feliz y equilibrada, paso a paso. ¡Salud!  🥂












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Reflexiones 2025: Un susurro del alma

Qué curioso, tengo una lista con fechas y detalles de las metas y proyectos que logré exitosamente este año 2025… pero todos son de trabajo. No tengo ninguna lista que muestre metas o proyectos de mi vida personal. Hice algunas cosas, pero no las tengo tan presentes como las del trabajo. Eso no es buena señal. 

Me siento orgullosa de haber podido hacer cambios significativos en la empresa: cambiar paradigmas, tener el valor de ir un tanto contra corriente con mi gerente y compañeros, y convencerlos de que los cambios, aunque den miedo, son buenos. Con mi empeño y mi poder de convencimiento —siempre con buenos argumentos— logramos cambios que apenas un año antes hubieran sido prácticamente imposibles. Aunque esto se verá bien en mi currículum, el “premio” fue más trabajo, al menos así lo sentí. Durante la segunda mitad del año, estuve desempeñando dos puestos con el salario de uno, apoyando a otro departamento mientras realizaba mi trabajo cotidiano un poco reducido y mis proyectos innovadores. Hace una semana me armé de valor y hablé con mi gerente. Esta “eficiencia” que me caracteriza me estaba cobrando factura con mi salud. 

Y luego me puse a reflexionar. ¿Valió la pena tanto esfuerzo y dedicación? Al final, solo recibí más trabajo, más estrés, menos salud y más cansancio mental y físico. ¿Y qué hay de mis logros personales? De hecho, no tenía metas personales claras y específicas… qué decepción. 

Hace dos o tres meses, cuando mi cuerpo empezó a cobrarme factura por el exceso de trabajo con migrañas frecuentes y otros achaques, decidí poner mi salud en primer lugar… bueno, más o menos. Sigo con ambos puestos (hasta fin de año), pero empecé a tomar tiempo para hacer ejercicio, aunque sea durante la hora de comida. También me aventuré a probar Yoga en un estudio y Barré en otro. He sido constante con el ejercicio de fuerza y con el yoga, del que me enamoré. Además, regresé a meditar, aunque sean solo unos minutos al día. Pero hoy siento que no ha sido suficiente. Me sigo sintiendo atrapada en una jaula donde tengo todo, pero debo dedicar la mayor parte de mi vida a trabajar para seguir viviendo en esta prisión donde “no me falta nada”… excepto mi paz mental y espiritual. 

Dicen que los números son fríos, pero objetivos. Vamos a hacer cuentas: mis actividades principales son trabajo, sueño, ejercicio y meditación. Y según mis cálculos, casi el 40% de mi existencia está dedicada al trabajo. Y aunque la remuneración económica es respetable, el hecho de que mi “tiempo libre” sea solo el 7% de mi vida es honestamente ridículo. El resto se va en horas de sueño. 

Estos porcentajes no incluyen el tiempo para alistarme por las mañanas, el cambio constante de actividad, el residuo mental que tarda en desecharse, el tiempo de estudio para mi certificación ni la terapia física por mi hombro lesionado. Tampoco el tiempo para limpiar la casa —aunque me coordine con Brenda, quien me ayuda—, lavar la ropa, comprar mandado, preparar comidas o atender al perro… Es abrumador. Mi tiempo “libre” se vuelve virtual o casi imaginario. No es casualidad que lavar los platos se sienta como una carga pesadísima y que los fines de semana parezcan cortos y poco productivos. Es triste pensar que cada lunes el café sea el único motivo para levantarme. 

Es hora de hacer cambios. Si leíste mi blog hace unos meses, recordarás esta pregunta: ¿qué haría si no tuviera miedo? 

Imaginemos que no lo tengo. El miedo no existe: es solo un pensamiento, una creencia aprendida o copiada que, así como llegó, también puede irse. 

Gracias, miedo, por cuidarme, alertarme y prevenirme. Hoy no te necesito. Puedes irte tranquilo. Gracias mil. 

Durante mi vida adulta, he tomado decisiones locas e impulsivas: entrar a la universidad a los 40, cambiar mi vida radicalmente al mudarme a Estados Unidos a los 45, o comprar una casa en Tucson a los 53. Creo que es tiempo de otra de esas decisiones, esta vez por la salud de mi cuerpo y de mi alma. Esto no es una crisis mental o emocional, ni un pensamiento menopáusico, ni un trauma de la niñez; es más bien un toquecito en el hombro de mi alma diciendo: “oye, tenemos que hablar”. Y hoy la voy a escuchar. 

Antes de tomar acción —porque para eso me pinto sola— quiero visualizar cómo quiero que sea mi vida. Sé que no quiero seguir dedicando el 40% de mi existencia al trabajo, de eso estoy segura. Y si así tiene que ser, deberá ser un trabajo que disfrute tanto que podría hacerlo sin paga. 

Entonces, quiero más del 7% para ejercicio, meditación y estudio. No sé bien cómo llegar ahí, pero voy a llegar. Ahora sí, vamos por esa nueva vida. 

Propósito y reflexión. Tomaré unos días libres este mes de diciembre durante los festivos para dar un paso atrás, reflexionar y visualizar cómo se ve mi vida ideal. Este tiempo me ayudará a aclarar mis metas, entender lo que realmente importa y reconectar con el porqué y para qué quiero hacer cambios. 

Autoevaluación. Examinaré mi situación actual con honestidad: cuánto gasto y por qué, cómo paso mi tiempo, qué me da energía y qué me agota. Quiero comprender mis prioridades y lo que realmente apoya a mi bienestar. 

Exploración. Exploraré posibilidades y consideraré nuevas formas de vivir y organizar mi vida. Reflexionaré sobre qué ajustes podrían hacer que mis días estén más alineados con mis valores y aspiraciones. 

Planificación. Con claridad a partir de la reflexión y la exploración, decidiré cómo avanzar de manera manejable, realista y significativa. Confiaré en mí misma para dar los pasos que sienta correctos, a mi propio ritmo. 

Revisión. Cada tres meses, revisaré cómo van las cosas, cómo me siento y si mi vida se está acercando a lo que deseo. Utilizaré estas reflexiones para ajustar y perfeccionar mi enfoque según sea necesario. 

Este viernes es mi cumpleaños, y lo voy a tomar como vacaciones. Iré a yoga por la mañana, luego a hacerme un DEXA —perfecto para este proyecto, será parte del paso de autoevaluación— y por la tarde a la peluquería para renovar mi cabello y sentirme mejor. 

Estos días de descanso los usaré para trabajar en este proyecto. Voy a cambiar mi vida para bien, por el bienestar de mi cuerpo físico, mental y espiritual. 

Mi alma encontró el momento ideal para vivir este proceso: el inicio de una nueva vuelta al sol, el fin de un año y el inicio de otro. Pero más que reconocer el momento ideal, esta vez la escuché. 

Y a ti, ¿qué te ha dicho tu alma últimamente? No la ignores. Ponle atención: seguro tiene planes increíbles para ti. 

¡Felices fiestas y feliz año nuevo! 



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Por qué empecé un blog a los 53

Siempre me ha gustado escribir. Ha sido mi forma de desahogo durante muchos años, especialmente cuando me siento abrumada o estresada. Pero como normalmente me siento mejor después de escribir, nunca lo hice de manera constante. Hasta ahora. 

Esta vez no quise “esperar a estar lista”. No quería escribir solo cuando necesitara desahogarme, ni esperar una fecha especial como cumplir 55 o alcanzar alguna meta. Solo quería empezar… así que empecé. 

No me siento diferente por tener 53 años. Aparte del dolor muscular ocasional que aparece sin razón aparente, me siento igual que cuando tenía 25 o 30. Excepto que ahora disfruto la libertad más que nunca. La libertad se siente como un derecho, como parte de mi alma, como algo sin lo cual no puedo vivir. 

Soy libre del miedo a lo que otros puedan pensar. Libre de la necesidad de ser aceptada o querida. Libre del miedo a cometer errores. Libre de los arrepentimientos. Esa libertad se siente como un gran alivio. Honestamente, ya no me importa lo que la gente piense de mí o de mis decisiones. Supongo que antes tampoco me importaba tanto, pero me resistía a la idea de que no me importara. ¿Por qué? No lo sé con certeza. Tal vez por cómo me criaron, la cultura en la que crecí, o simplemente era mi mente jugándome trucos. 

Siempre me consideré un espíritu libre, aunque no siempre lo fui. Cuando tenía 19 años y pensé que había encontrado al “amor de mi vida”, me lancé de lleno. Creí que ese era el siguiente paso en la vida, como si la vida fuera una lista de cosas por hacer o una tarjeta de lotería que debía completar para alcanzar la felicidad. En ese momento no entendía que la felicidad no viene de una relación, un trabajo, una casa o un esposo. Con el tiempo aprendí que la felicidad siempre había estado dentro de mí. Así que dejé de buscarla afuera. 

Empecé a enfocarme en mí; solo en mí (bueno, y desde hace unos años en mi perrito también). Me di cuenta de que la vida es demasiado corta para pasarla triste por cosas que no puedo controlar, enojada por lo que no me gusta, o esperando que pase algo mágico. La vida no se trata de esperar que alguien te ame o venga a arreglar tu vida. Se trata de crear algo hermoso con lo que ya tienes. 

Me tomó, en mi opinión, demasiado tiempo darme cuenta de que podía hacer cosas sin necesitar la aprobación de los demás—ni de mi (ahora ex) esposo, ni de mi familia, ni siquiera de mis amistades. Esa es una de las razones por las que empecé este blog a los 53. Quiero compartir mis experiencias y aventuras, graciosas, alegres, tristes, o una mezcla de todo. También quiero animarte a que dejes de esperar a cumplir 40 o 50 para vivir la vida a tu manera. No dejes que el miedo te detenga. Haz eso que siempre has querido hacer. 

Y recuerda: no tienes que llevar una vida convencional si no quieres. Cuando era más joven, estaba casada y segura de que no quería tener hijos, muchas personas me llamaron egoísta o ingenua. Me decían que eramuy joven” para saber lo que quería y que me iba a arrepentir. Pero nunca me arrepentí. Ni por un segundo. Me alegra mucho ver que las nuevas generaciones viven según sus propios términos, sin disculparse por ello. Me da esperanza. 

Así que, si tú eres parte de esa nueva y valiente generación, ¡salud! Lo estás haciendo increíble, y vas a disfrutar la vida un poco más que quienes esperaron demasiado. Y si estás más cerca de mi edad, no te preocupes. La vida puede ser no tan larga, pero sigue siendo hermosa. 

Esto es lo que he aprendido hasta ahora: 

  1. Conócete a ti misma para saber exactamente lo que quieres y lo que no quieres. 
  2. Haz lo que quieras, grande o pequeño, paso a paso o de golpe. No tengas miedo de equivocarte (siempre que no dañes a nadie). 
  3. Sé feliz y siéntete orgullosa. Escribe tus intentos, lo que aprendiste y tus logros. Aprende de tus errores y sigue adelante. 
  4. Sé agradecida, por todo lo que has vivido, por todo lo que tienes hoy, y por la oportunidad de planear tu futuro. Ya sea largo o corto, será hermoso. 

Así que aquí estoy, escribiendo, compartiendo y creando a los 53, simplemente porque me llena de alegría. Si hay algo en tu corazón, no esperes el “momento perfecto.” Empieza ahora. La vida es demasiado corta para no vivirla a plenitud. Nunca es demasiado tarde para comenzar de nuevo.

Si te gustó esta lectura, ¡déjame un comentario! ¡Gracias! 

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